Entre los argumentos más sonoros que defienden la prostitución –considerándola erróneamente un “trabajo”– está el que señala que cada mujer es libre de hacer con su cuerpo lo que considere mejor y que, si se trata de una decisión personal, ésta debe respetarse.
 
Como sabemos, el asunto no es tan simple como parece.
 
El pasado 11 de enero celebramos el Día de la Concientización sobre la Trata de Personas, a través de la campaña que en redes sociales encabezó la Coalition Against Trafficking Women (CATW), haciendo hincapié en la consigna: “A choice is only a choice if you actually have choices” (“Una opción es sólo opción si tú realmente tienes opciones”).
 
Así, sólo en el marco del respeto a los Derechos Humanos, especialmente de las mujeres y las niñas, es posible comprender la importancia de no haber contado con opciones para quienes finalmente se encuentran en situación de prostitución.
 
Para quienes hemos trabajado en el tema de las formas contemporáneas de esclavitud, particularmente en lo que respecta a la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes y su explotación sexual, resulta muy claro el hecho de que la abrumadora mayoría de víctimas no cuenta con un abanico de opciones que les haya permitido decidir en libertad.

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