Un análisis de las primeras 74 causas que derivaron en procesamientos por el delito de trata muestra cómo están mutando las formas de sometimiento de las mujeres para que resulte más complicado probar el delito.

 
 
 
 
 
 

Las redes de trata para explotación sexual están mutando las formas de sometimiento de las mujeres para que resulte más complicado probar que están esclavizadas en los burdeles. Las víctimas tienen en su poder sus documentos y en buena parte de los casos pueden salir del lugar, porque en definitiva esa situación no pone en riesgo un posible escape, dado que no tienen a quién pedir ayuda y el sometimiento opera de otros modos. Esta es una de las conclusiones de un estudio sobre la dinámica que está adquiriendo el delito, realizado por la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (Ufase) y el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip), a partir de un exhaustivo análisis de las causas judiciales que desembocaron en los primeros 74 autos de procesamientos por trata para explotación sexual en el país, desde la sanción de la ley que tipificó el delito, en abril de 2008.

Por el momento la Justicia no detectó grandes organizaciones criminales detrás del delito de trata ni rutas de exportación de mujeres argentinas a otros países. El informe –al que accedió Página/12– muestra con claridad cómo la connivencia estatal, local, policial y judicial “legitima la actividad y conduce a su naturalización”. Resulta significativo que en trece de los casos relevados se encontró presencia de personal de las fuerzas de seguridad en el lugar de explotación. Pero, llamativamente, en las causas judiciales no se investigó a los uniformados. El estudio describe el mapa de la trata para explotación sexual en la Argentina: las rutas, el perfil de las víctimas y de los imputados, el alcance de las redes y sus características, las principales formas de sometimiento y las nuevas modalidades delictivas.

Continua...

 

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