En México las mujeres son habitualmente objeto de abusos sexuales por parte de las fuerzas de seguridad para obtener confesiones forzadas en el contexto de la guerra contra el crimen organizado. Así lo revela una investigación sin precedentes de Amnistía Internacional que se hace pública hoy.

En abril de 2016 se filtró a la prensa un vídeo que mostraba a policías y militares asfixiando a una mujer con una bolsa de plástico e interrogándola mientras gritaba. El vídeo escandalizó a la sociedad mexicana y puso en alerta a las defensoras y defensores de derechos humanos de todo el mundo. El escándalo público, sin precedentes, provocó una disculpa del Secretario de Defensa y el Comisionado Nacional de Seguridad. Pero la tortura y otros malos tratos se han convertido en prácticas generalizadas en México, por lo que una simple disculpa no es suficiente. El Estado mexicano debe cumplir con su obligación de abordar la crisis de derechos humanos a la que se enfrenta.

Bajo el título de “Sobrevivir a la muerte. Tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México”, Amnistía Internacional documenta el caso de 100 mujeres mexicanas que han sido víctimas de tortura sexual y malos tratos por parte de la policía y las fuerzas armadas del país. Semiasfixia con bolsas de plástico, descargas eléctricas, golpes en la cabeza, el estómago y otras partes del cuerpo -nunca en la cara, estrategia habitual para no dejar marcas o rastros visibles-. Estas son las principales formas de maltrato, pero la violencia ejercida contra las mujeres tiene siempre una naturaleza altamente sexual, que va desde los abusos psicológicos -insultos centrados en el sexo, la orientación sexual y la identidad de género, además de amenazas de violación contra ellas o sus familiares- hasta el acoso sexual propiamente dicho.

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