Por Cecilia López Montaño

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Siempre se cumple esta dolorosa ecuación: turismo + miseria = prostitución, aquí y en Cafarnaún. Todos los países con gran atractivo para el turismo internacional, con grandes niveles de población marginada, terminan enfrentándose a esta realidad social que, por antigua que sea, esta profesión no deja de ser denigrante, dolorosa, peligrosa.

Colombia tienen los dos elementos sustantivos: es un país lleno de riqueza y bellezas naturales, pero no ha podido avanzar significativamente en la erradicación de la miseria. Inclusive regiones que tenían pobres pero no indigentes, con sorpresa, hoy ven crecer barriadas que no tienen ni las mínimas condiciones de vida para que esta pueda ser llamada digna. La isla de San Andrés es un ejemplo de esta cruel realidad.

Se ha venido advirtiendo que no se pueden tener dos países: uno para la venta, que sin duda existe pero representa una pequeña parte de la sociedad colombiana, y el otro, la Colombia profunda, llena de carencias y al margen de la verdadera modernidad. Cuando se lanzó la campaña “Colombia es pasión” hubo analistas serios que la criticaron, inclusive su logo, porque daba pie para interpretaciones perversas. Pero como se trata de vender una parte del país como si fuera todo y de ignorar que en cualquier momento la realidad se encarga de salir en los momentos más inoportunos, se hizo caso omiso a este debate.

Continua...

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