Por más de dos décadas hemos dado una estrecha mirada al funcionamiento de nuestro Departamento del Alguacil a través de los ojos de nuestras clientas. Las experiencias de las mujeres, principalmente jóvenes de color inmigrantes, han revelado siempre las graves fallas que permean al Departamento del Alguacil en lo concerniente a los derechos civiles.

A pesar de todos los esfuerzos hacia la reforma desde afuera del Departamento –ya sea por medio de peticiones, protestas, relatos de primera mano o las décadas de demandas judiciales–, en gran medida el Departamento del Alguacil ha respondido hundiéndose cada vez más en una actitud defensiva y haciendo caso omiso de los derechos humanos, ocultándose tras la impunidad que ha sido otorgada por una sucesión de fiscales serviles, una prensa encubridora que se rehúsa a investigar, una Junta de Supervisores que gira los cheques y canta alabanzas, así como un público que encuentra refugio en la incredulidad.

La aleta visible del tiburón que acecha debajo

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