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Mujeres en la policía

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Mide 1.65 m., pesa 120 lbs. y es madre de una niña...
¿Debería esta persona ser policía?

‘No será en mi turno’, dicen demasiados policías hombres, incluso en estos tiempos. ‘¿Cómo va a trepar ella un muro de casi dos metros de altura?’ ‘¿Cuál apoyo podrá darme en una situación crítica?’ ‘¿Qué pasaría si quedara embarazada?’ Y lo peor en la trillada letanía de dudas: ‘¿Qué ocurrirá si se paraliza bajo el fuego?’

No importa la montaña de estudios que muestran que las mujeres policías se desempeñan tan bien como sus colegas hombres o mejor que ellos. Por lo general, el sistema policial masculino se ha aferrado a sus creencias y prejuicios. ¿El resultado, diez años después de haber iniciado el siglo 21? Las mujeres conforman apenas el 12 por ciento de la fuerza policial de nuestra nación y la cifra se está reduciendo.

A veces, sin embargo, la prueba más irrefutable está en los resultados. Y en las últimas semanas, en incidentes separados, tres mujeres policías y dos chicas adolescentes nos han dado precisamente ese tipo de prueba y más.

Por un tubo se va aquello de ‘paralizarse bajo el fuego’ -- una línea de juicio que siempre ha sido la medida masculina del valor. En realidad, un buen trabajo policial es mucho más que eso.

El 23 de agosto de este año, Phillip Garrido, pese a tener una historia de más de 60 contactos con agentes de libertad condicional y 30 contactos con la policía,* continuaba libre como un pájaro para seguir adelante con sus presuntos crímenes que iniciaron hace 18 años, cuando secuestró a Jaycee Dugard, de 11 años, manteniéndola cautiva y violándola desde entonces. Sin embargo, el 24 de agosto la agente Allison Jacobs y la especialista policial Lisa Campbell, ambas del Departamento de Policía de la Universidad de California en Berkeley, percibieron algo en Garrido y anónimamente lograron que fuera arrestado, aunque ninguna de las dos lo conocía ni sabía nada de sus antecedentes.

Según la agente Jacobs, durante el contacto fortuito que tuvo con Garrido ella percibió que “algo no está bien”. En esto coincidió la especialista Campbell, quien dice haber observado una vacía “mirada de robot” en los ojos de las dos niñas que acompañaban a Garrido. Basándose únicamente en esas observaciones y en la preocupación por la seguridad de las niñas, las dos mujeres pusieron fin al control abusivo de Garrido en un solo día -- una muestra de trabajo policial tan sorprendente como la valentía bajo el fuego.

El hecho es que, en el curso de sus carreras, la mayoría de policías no dispara su arma ni una sola vez fuera del terreno de práctica. Pero la aguda alerta de una agente al percibir que ‘algo está mal’ y la habilidad de leer las sutiles señales en los ojos de una niña o un niño pueden día tras día salvar más vidas y detener más crímenes que un único acto heroico durante toda la vida. A pesar de este hecho, los comités de reclutamiento policial y las academias de capacitación de agentes no creen mucho en esas ‘cosas femeninas’. Prefieren aferrarse a sus creencias y al muro de casi dos metros que les sirve tan bien a los equipos de contratación para mantener a las mujeres fuera de la fuerza policial.

¿Y qué decir de las dos adolescentes en Richmond, California: una que llamó a la línea 911 y la otra que habló con la operadora de esa línea? Lo que convierte en algo tan heroico el sencillo acto de estas jóvenes es que hicieron la llamada desde las zonas de ‘cero delación’ de Richmond, en las cuales el solo hecho de que una persona llame a la policía puede provocarle serias lesiones o la muerte.

En la noche del 24 de octubre en Richmond, durante más de dos horas una chica de 16 años había sido golpeada, robada y violada por una docena de hombres jóvenes hasta dejarla inconsciente, mientras un grupo de 20 personas observaba esto sin hacer nada. En cierto punto en la grabación de la línea 911 se escucha a una de las jóvenes, Maggie Vargas, diciéndole a la operadora: “...nadie quería llamar a la policía, así que nosotras decidimos hacerlo”.

No es sorprendente que hayan sido unas chicas quienes hicieron la llamada. Con suma frecuencia, son mujeres quienes denuncian los crímenes y la corrupción que ocurren en todos los niveles de la comunidad, desde las juntas directivas hasta las calles. Es valiente y osado hacer esto en cualquier lugar, pero nunca tanto como en las zonas de “cero delación” del vecindario -- o desde debajo del ‘código azul de silencio’ que mantiene a la cultura policial atrapada en su mentalidad jurásica.

¡El mundo necesita desesperadamente más mujeres policías! Aquí va otro caso que lo evidencia.

El 3 de julio de 2009, Debra Hartley, quien debería seguir siendo policía pero ya no lo es, salió a pie de su casa en el norte de Pensilvania para iniciar una caminata de 362 kilómetros hacia la Casa Blanca. Después de quejarse de acoso sexual por parte de colegas hombres en el departamento de policía donde ella trabajaba, sus superiores respondieron a tales denuncias como responden los altos funcionarios policiales en muchas partes del país a las quejas de tantas otras mujeres policías: desde el jefe hasta agentes del nivel más bajo, el acoso sexual contra se Debra intensificó, con lo cual lograron sacarla de la fuerza policial.

Debra no pudo obtener la justicia que exigía, por lo que recorrió la distancia a pie hacia la Casa Blanca para poner de manifiesto la incontrolada discriminación sexual en las agencias encargadas de velar por el cumplimiento de la ley, que trunca las carreras de tantas otras buenas agentes de policía y priva a nuestras comunidades de los inmensos beneficios que las mujeres aportan al trabajo policial. ¡No permitas que la caminata de Debra sea en vano!

  1. Averigua cuántas mujeres agentes hay en el departamento de policía de tu localidad y cuántas de ellas ocupan cargos de alto nivel.

  2. Lee sobre los beneficios demostrados que las mujeres aportan al trabajo policial en el informe “Contratar y retener a más mujeres: Las ventajas para las agencias que velan por el cumplimiento de la ley”, del Centro Nacional para Mujeres en la Policía, disponible en inglés en

  3. ¡Educa a otras personas!

  4. Alienta a las niñas a considerar una carrera en la fuerza policial.

  5. ¡Insiste en que las y los líderes de la comunidad pongan fin al control masculino del poder policial!

 

Se autoriza copiar y distribuir esta información siempre y cuando el crédito y el texto se mantengan intactos.
Reservados © todos los derechos, Marie De Santis,
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Traduccion por Laura E. Asturias / Guatemala

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